Leire's profileYo, yo misma y mi mundil...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    September 12

    Quiero (Cuentos para pensar, Jorge Bucay)

    Quiero que me oigas, sin juzgarme.
    Quiero que opines, sin aconsejarme.
    Quiero que confies en mi, sin exigirme.
    Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
    Quiero que me cuides, sin anularme.
    Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
    Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
    Quiero que me animes, sin empujarme.
    Quiero que mesostengas, sin hacerte cargo de mi.
    Quiero que me protejas, sin mentiras.
    Quiero que te acerques, sin invadirme.
    Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
    que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
    Quiero que sepas,que hoy,
    hoy puedes contar conmigo.
    Sin condiciones.
     
    Aunque esto vuelve a ser algo escrito por Jorge Bucay (Médico psiquiatra y psicoterapeuta gestáltico, o ayudador profesional como él prefiere definir su trabajo, que me ha sido de gran ayuda en estos momentos y al que realmente admiro por su trabajo) Es también algo que me gustaria decir a todas las personas que son importantes para mi.

    Autodependencia (Cuentos para pensar, Jorge Bucay)

    Me acuerdo siempre de esta escena:
    Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía unos doce...
    Estabamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando.
    Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un carozo de durazno le apareció en la frente.
    Mi tía, que estaba en la habitación, corrió a abrazarlo y mientras me pedía que trajera hielo le decía a mi primo:
    "Pobrecito, mala la mesa que te pegó, chas chas a la mesa..." mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara... Y yo pensaba: "¿? ¿Cuál es la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por donde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala"
    Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa...
    Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del de afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees...
    Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tias del mundo.
    Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.
    Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda. Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor, pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Y tendré que actuar de esa mejor manera. Tendré que conocerme más para saber cuales son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje. Tendré coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio. Tendré que se libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar solo y te vas a ir... cerrá la puerta, ¿viste? porque entra viento. Cerrá la puerta. Si esa es tu decidión, cerrá la puerta. No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras. Te digo: cerrá la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión. Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los autodependientes son inmanejables. Porque un autodependiente solamente lo manejas si él quiere. Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a conocer un poco más a quien está a tu lado.
    Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas que están a tu lado se vayan... Quizas algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las partidas de unos y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás...)

    "El Buscador" (Cuentos para pensar de Jorge Bucay)

    Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
    Un buscador es alguien que busca. No es necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una busqueda.
    Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos dias de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un monton de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción... "Abdul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar en el niño de tan corta edad que estaba enterrado en ese lugar... Mirando a su alrededor, el hombre se dió cuenta de que la piedra de al lado también tenia una inscripción, se acercó a leerla, decía "Llamal Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del difunto, pero lo que lo contactó con el espanto fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba los 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahi y se acercó, lo miró llorar un rato en silencio y luego le preguntó si llorarba por algún familiar.
              -No, ningún familiar- dijo el buscador- ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
    El anciano sonrió y dijo:
              -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo yo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda lo disfrutado..., a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuanto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?... ¿Una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, ¿cuanto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?... ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo?..., ¿y el casamiento de los amigos?, ¿y el viaje más deseado...?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?... ¿Cuánto duró el disfrutar de esas situaciones?... ¿horas?, ¿días?... Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.